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El trabajo sobre el centro emocional

En la última reunión alguien preguntó cómo se trabajaba sobre el Cen­tro Emocional. Lo molesto con el Centro Emocional es que siempre esta­mos identificados con él —esto es, con las emociones que nos dominan en cualquier momento dado—. Es extremadamente difícil separarnos de nuestro estado emocional momentáneo. Damos nuestro estado emocional por sen­tado. 

Por ejemplo, nos sentimos emocionalmente celosos, que es muy distinto de sentirse instintivamente celosos, y estamos completamente identi­ficados con esa emoción. Por otra parte, nos sentimos emocionalmente de­primidos, y una vez más lo tomamos como nuestro estado, como algo que no ponemos en duda. 

Como es sabido, el Trabajo enseña que el Centro Emo­cional es el más difícil de abordar. Ya han oído mencionar .que se lo llama el elefante loco, y se dijo que hay que poner a ambos lados de dicho animal a dos elefantes mansos, uno de los cuales es el Centro Intelectual y el otro el Centro Motor. Toda la cuestión estriba en la dificultad de observar el Centro Emocional de una manera no identificada. La razón de ello es que nos identificamos más con nuestras emociones que con cualquier otra cosa, y vuelvo a repetirlo, siempre damos por sentado nuestro estado emocional —no como algo que es preciso observar y de lo cual ha que separarse—. Todas las personas tienen una serie característica de estados emocionales que se repi­ten constantemente y varían desde la excitación y el entusiasmo más pronun­ciados a los sentimientos más mórbidos y depresivos. Pero, debido a que la fuerza de las emociones es tan cegadora la gente permanece aferrada a la rueda giratoria de sus emociones. 

En otras palabras, la gente no desconfía de sus emociones sino que las toma como si fueran estados genuinos y muy reales. Aceptan sus emociones como si fueran legítimas en un mo­mento dado. Y porque las emociones son tan difíciles de observar, debido a nuestra tendencia a identificarse con ellas, no las observamos como algo que es preciso observar y no dejarse llevar por ellas. El punto de partida es siempre la observación de sí y en este caso la observación del estado emocional. Ahora bien, algunos de ustedes es capaz de hacerlo ya? ¿Puede observar su estado emocional sin dar por sentado que es su verdadero estado? ¿Acaso alguno de ustedes tienen en su memoria de Trabajo el conocimiento de alguno de sus típicos y recurrentes estados emocionales? ¿Alguno de ustedes ha dudado acaso de su particular estado emocional? En otras pa­labras, como dije, pone en tela de juicio su estado emocional y se dice a sí mismo: "¿Por qué estoy en este estado emocional? ¿A qué se debe? ¿Y qué es lo que lo ha hecho surgir?" El esfuerzo de la atención interna lo sepa­rará entonces de su estado emocional y debido a ello será capaz de vencerlo —esto es, no dejarse llevar por él, no creer en él, no darlo por supuesto. 

--M. Nicoll

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