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Nota sobre la relajación


Cada emoción tiene una representación correspondiente en el Centro Motor. Habrán observado que las emociones desagradables —odio, celos, sospechas, envidia, etc.— están representadas por músculos faciales contraídos y miembros tensos, cosas todas que no sientan bien a nadie. Las emociones agradables relajan los músculos, la alegría extiende los miembros, y no sólo lo hacen, sino que influyen benéficamente en todo el trabajo interior del cuerpo, las secreciones internas, y en todo los demás. 

Las emociones negativas contraen y cierran: las emociones placenteras relajan y abren. Ahora bien, por lo general la emoción es causa de la expresión, pero la expresión puede ser causa de la emoción —esto es, el Centro Motor puede influir sobre el estado emocional y viceversa. A este respecto algunas personas tienen un Centro Motor muy malo. Tienen, por así decir, una expresión de superioridad o de aburrimiento, o de malhumor, o sus posturas son rígidas y tensas. Por lo tanto, para que esas personas puedan cambiar es necesario que empiecen modificando su posición, su postura, su cuerpo desmañado, sus expresiones faciales habituales.

Nos enseñan a practicar el relajamiento. En algunas situaciones es la única cosa que nos es dable practicar tan sólo relajarse y no pensar—. Hay que empezar con los pequeños músculos del rostro. Si —mas para relajar los músculos del rostro es necesario tener conciencia de que están tensos o con­traídos—. Un músculo puede estar tenso sin contraerse visiblemente. Puede hallarse en un estado de tono elevado que es innecesario, y provocar una pérdida de fuerza. Cuando se dice de una persona que está "excitada" o alguna frase similar, si se la examina, se suele hallar que todos sus reflejos son demasiado vivos, lo cual significa una fuerte tensión de los músculos que son mantenidos demasiado tiempo distendidos y así pierden fuerza. No discutiré más este punto.

Cuando Gurdjieff estaba en Inglaterra, ya sea en Harley Street, o en Warwick Gardens, nos demostraba brevemente en el pizarrón —dibujando los tres centros. Intelectual, Emocional y Motor— que la razón por la que la gente permanece en la prisión de sí misma, y así no puede encontrar una vida dife­rente o el cambio de sí, se debía a los hábitos en todos los centros. Señaló que si bien era difícil cambiar los hábitos de pensamiento y los hábitos de emoción, era más fácil cambiar los hábitos de movimiento —esto es, los del Centro Motor—. Es por eso que enseñaba nuevos ejercicios que permitían nue­vos movimientos. Al mismo tiempo, en relación con lo que enseñaba el Sr. Ouspensky, subrayaba también que el Trabajo se proponía cambiar la mente y el sentimiento de uno mismo —es decir, se dirigía primordialmente al lado psico­lógico de un hombre o de una mujer— a la manera de pensar y sentir, y decía que a no ser que el trabajo sobre el Centro Intelectual y el Centro Emocional no acompañaran el trabajo sobre el Centro Motor, no había que esperar resul­tado alguno.

Les recordaré lo que el Trabajo dice sobre el relaja­miento. Dice que todo relajamiento debe empezar con los pequeños músculos, tales como los pequeños músculos del rostro, los dedos de las manos y pies. Nos enseñaron a empezar con los del rostro y prestar atención interna a los pequeños músculos del rostro y a relajarlos —los músculos en tomo de la boca, en torno de los ojos, y hasta los músculos mismos del ojo.
Ahora bien, si hablamos sobre el relajamiento debemos hablar también sobre la atención interna. En nosotros hay dos clases de atención, una externa y la otra interna. Por ejemplo, cuando uno se observa a sí mismo, los propios estados de ánimo, los pensamientos, y demás, se está empleando la atención interna —es decir, la atención que no está dirigida hacia ningún objeto ex­terno, visible, tangible o audible a través de los sentidos. La observación de sí no se refiere a cosa alguna que los sentidos pueden ver, oír, etc., sino lo que únicamente el sentido interno puede observar. Esta es la atención interna. En cuanto a colocar la conciencia mediante la atención en diferentes partes del cuerpo, es preciso empezarlo gradualmente. Por ejemplo, por medio de la atención interna, ¿puede llegar a tener conciencia de una parte particular de su cuerpo, digamos, el pie izquierdo, y luego trasladarla al pie derecho, y así sucesivamente? Es inútil tratar de relajarse a menos de tener alguna idea de lo que significa la atención interna dirigida hacia una parte determinada del cuerpo. 

Como dije, el Trabajo enseña que el relajamiento empieza relajando los pequeños músculos de la cara. No conviene intentar relajarse si el ceño está fruncido y la boca contraída y las mandíbulas en tensión. Por esta razón es preciso llegar a ser internamente consciente del estado de los músculos del rostro, para empezar. Y este acto de atención interna producirá la condición correcta para el relajamiento del cuerpo entero. Lo importante, empero, es que es preciso hacerlo. Como es sabido, la mayoría de la gente carece de tiempo para hacerlo. Son arrastrados por la corriente de vida de los pensa­mientos, ansiedades y preocupaciones inútiles. Y las gentes llegan a pensar que la interrupción de esta corriente puramente mecánica de cosas que las mantiene ocupadas en todo momento es algo que no deberían hacer, que es una cosa irrazonable. Pero en este caso no es así. Si se puede interrumpir esa corriente mecánica que nos gobierna, la corriente de vida, ese film cine­matográfico que nos atraviesa perennemente, aunque fuera un instante, logra­remos más fuerza. Por eso conviene empezar poniendo la atención interna en los músculos del rostro y observar cuánta atención está ahí 

Ahora bien, esta noche hablaremos de las posturas, de los músculos —en suma, del Centro Motor—. Supongo que saben que cada centro hipnotiza a los otros centros. Supongamos que un hombre adopta invariablemente en su Centro Motor una postura muscular de depresión y los pequeños músculos de la cara expresan una especie de tristeza —¿creen que semejante hombre será capaz de tener emociones placenteras o pensamientos interesantes?—. Por cierto no. Está encadenado por su postura muscular. Todos ustedes saben que los estados depresivos suscitan en nuestra postura un aspecto de depresión. En el Trabajo una persona inteligente cambiará de postura cuando intente apartarse de las emociones negativas que la dominan, porque cada emoción negativa produce una posición muscular que le es propia. Entra un hombre en la habitación, alicaído, con los hombros vencidos, la tristeza pin­tada en el rostro, y en seguida se da cuenta uno que está en un estado ne­gativo, que tal vez sea habitual, a menos que altere la posición de sus músculos.

Estudie por lo tanto el relajamiento cada vez que tenga la oportuni­dad de hacerlo. Observe cómo los músculos de su cara se contraen e inten­te llevar su atención interna a los músculos de su rostro para relajarlos. Le aconsejo que empiece con los músculos que están en torno de los ojos y luego con los que están alrededor de la nariz (esos músculos que suscitan tan fácilmente ese feo rictus de desprecio) y después los pequeños músculos que están en torno de la boca y los de las mejillas; y lleve su atención interna a esos músculos que están justo debajo del mentón y en la cara anterior del cuello y luego en la nuca y relaje esos músculos que lo hacen cuellierguido, y después llévela a los grandes músculos en torno de los hombros y desciéndala gradualmente hasta los dedos de los pies. Desde luego, exige mucho tiempo y es muy conveniente hacerlo. He dejado a un lado los músculos de las manos. Debería haber dicho: Pasa de los hombros a los brazos y de ahí a las manos y empiece con los músculos de las muñecas. Lleve su atención interna a los músculos de las muñecas de modo que éstas sean muy flexibles, muy sueltas, y luego trate de llevarla a los pequeños músculos de los dedos y relájelos. Cada persona que recorre de esta manera las tensiones musculares de su cuerpo llegará a conocer cierto número de músculos que de costumbre no se relajan de un modo apropiado. 

Recuerde ante todo que es imposible relajarse diciéndose a sí mismo: "Relájate". Es en realidad un ejercicio de atención interna. Es un esfuerzo dirigido que es preciso hacer conscientemente y que si se lo realiza una vez por semana dará buenos resultados. Muchas veces la gente padece de insomnio porque cierto grupo de músculos permanecen en estado de tensión. Pueden observar su Centro Emocional y su Centro Intelectual e intentar relajarse —esto es, no iden­tificarse con estos dos centros— pero no observan a través de la atención interna las contracciones musculares que existen en su cuerpo. 

Ahora bien, esta disertación trata del relajamiento muscular. Trata del relajamiento del Centro Motor. Las recordaré otra vez que el Trabajo dice que cada centro puede hipnotizar a otro centro. En el caso del Centro Motor significa que ciertas posturas y expresiones características inducen en una persona emociones y pensamientos característicos. Por ejemplo, una persona que tiene prisa, que no puede dejar de correr de un lado para otro, es una persona que tiene un Centro Motor que asume ciertas posiciones o posturas o más bien, en este caso, ciertos movimientos que pertenecen a la misma idea, y por lo tanto está siempre hipnotizada por el Centro Motor que se arroga estas posturas y movimientos. Esos movimientos apresurados suscitan emociones y pensamientos apresurados y ansiosos. Es por esto que la enfermedad es a veces tan conveniente. Lo único que puedo decir es que lo he observado en mí mismo muchas veces. La enfermedad tranquiliza el Centro Motor y así muchas veces nos hace mucho bien al relajarnos. Algunos de ustedes han quizás observado la misma cosa. A veces no estoy emocionalmente ansioso ni tengo razón alguna para estarlo, pero si estoy acostumbrado a hacer mo­vimientos apresurados y aparentemente no tengo tiempo para nada, mi Cen­tro Motor hipnotizará mi Centro Emocional suscitándole el sentimiento de ansiedad y hostigamiento. Desde luego, no es una razón para que todos andemos majestuosa y lentamente para demostrar que estamos relajados. 

Es preciso estar realmente relajado mediante la atención interna cuando se desea estarlo y cuando se siente que el relajamiento es necesario. Si empieza con los pequeños músculos de la cara y efectúa ese ejercicio muy sinceramente le sorprenderá descubrir que muchas veces los pensamientos difíciles y agobiadores desaparecen completamente. Por ejemplo, deje de fruncir el ceño por un instante. Quiero decir, no vaya a no fruncir el ceño sólo porque le han dicho, de no hacerlo sino que deténgalo por medio de la atención interna llevada a los músculos que rigen el fruncimiento del ceño, y he aquí, todos los pensamientos que acompañan al fruncimiento del ceño desaparecen. Significa ello que la posición de su rostro los mantiene en funcionamiento. Además, las gentes que sacan la mandíbula y aprietan los puños se sor­prenden mucho si dejan de hacerlo —se sienten como si estuvieran alienadas de sí mismas. Pero, puesto que todos deseamos seguir siendo mecánicos y no cambiar en absoluto, me imagino que esas gentes seguirán sacando pecho y apretando los puños como lo hacían antes.

--M. Nicoll

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